El presupuesto se define en el plano, no en la obra
Casi todo lo que se dispara en una construcción se decidió mal antes de poner el primer ladrillo. Por eso acá se parte por el número.
La conversación habitual empieza al revés. El cliente llega con imágenes de lo que le gusta, se dibuja algo parecido, y el presupuesto aparece al final, cuando ya hay un plano del que nadie quiere retroceder. Ahí es cuando empiezan los recortes: se cambia el revestimiento, se achica el ventanal, se elimina la terraza. La casa termina siendo una versión pobre de un proyecto que nunca cupo.
Nosotros lo hacemos al contrario. La primera reunión es de plata, no de estilo. Con el monto real sobre la mesa se sabe qué se puede hacer, qué no, y cuánto metro cuadrado alcanza. Recién con eso claro se empieza a dibujar.
Mover un muro en el papel es una goma. Moverlo en obra son dos semanas y una discusión.
El anteproyecto se cambia todas las veces que haga falta, y eso está incluido. Es la etapa más barata del proceso y la que más plata ahorra después. Un cliente que revisa cinco veces la planta antes de aprobar es un cliente que no va a pedir cambios en obra.
Después vienen los permisos, que es donde los proyectos se atrasan. Conocer los tiempos de la Dirección de Obras de cada comuna del Maule no sale en ningún manual: se aprende yendo. Sabemos qué revisa cada una y qué observaciones va a hacer antes de que las haga.
Y durante la obra, alguien de nuestro lado revisando que se construya lo dibujado. No trabajamos con constructora propia, y es a propósito: si nosotros diseñamos y otro construye, hay quien revise. Recomendamos tres y el cliente elige.
Son sesenta proyectos en la región, la mayoría casas de entre 90 y 180 metros cuadrados. No es un estudio grande y no pretende serlo.